No sé que es mejor, si el proceso de recogida de castañas o el saborearlas después. Supongo que todo forma parte de una especie de ritual que Miguel sigue a 'rajatabla'. No sabemos a ciencia cierta cuántos kilos recogió durante la caminata, lo que si garantizamos es que no paró ni un sólo momento. Para satisfacción de nuestros paladares, por cierto.
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